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Verónica Casaos

Mindfundless

¿No sería genial tener una herramienta que nos ayude a lidiar con el estrés del trabajo y las responsabilidades familiares?¿Que tenga beneficios tanto para la salud mental como para la salud física?¿Y que además sólo necesitaras 10 minutos al día para llevarla a cabo?

En este gran viaje que vamos a hacer juntas os voy a mostrar primero el transporte que nos va a hacer llegar de nuestro punto actual hasta nuestra parada final…estar en paz contigo misma.

El Mindfulness está convirtiéndose en un recurso cada vez más valorado por diferentes disciplinas relacionadas con la salud y la educación. Son muchos los psicólogos, psiquiatras y educadores interesados en investigar acerca del potencial de esta herramienta.

Sin embargo, a diferencia de los rituales de meditación originados hace miles de años, el Mindfulness existe únicamente por su capacidad para producir cambios objetivos en el bienestar de las personas, y no tiene que ver con finalidades de tipo religioso. Es un esfuerzo de desarrollar una serie de habilidades basadas fundamentalmente en la regulación del foco de atención y de los estados de consciencia.

Situar los orígenes del Mindfulness no resulta fácil, ya que, tal y como ocurre con las disciplinas que parten de una tradición muy antigua, existe un amplio margen temporal a lo largo del cual podemos considerar que empieza lo que estamos describiendo. Es algo que pasa con la Psicología, cuya semilla es atribuida por algunos a los filósofos de la Grecia del siglo V a.C., y pasa con el Mindfulness, que reposa sobre los pilares milenarios de la meditación practicada en muchos lugares de Asia.

Resulta importante señalar que los pilares sobre los que se asienta la historia del Mindfulness se llama meditación vipassana, una práctica que forma parte de los rituales religiosos de muchas zonas de Asia, y que a su vez tiene que ver con una doctrina filosófica más amplia que tiene que ver con la meditación en general.

Se podría decir mucho acerca de la tradición de la meditación vipassana en Asia, pero lo principal es comprender que se trata de un fenómeno iniciado con el budismo hace aproximadamente unos 3.500 años. La raíz filosófica de lo que un día llegaría a ser el Mindfulness se conocía en el mundo del budismo como sati, uno de los principales factores en la senda de la iluminación y de la liberación según las ideas de Buda. De hecho, sati puede ser traducido como conciencia plena; o, en inglés, “mindfulness”.

El Mindfulness, o Atención plena, es una práctica en la que tomamos conciencia de las distintas facetas de nuestra experiencia en el momento presente. Podemos aprender a ser conscientes de cómo nos movemos, cómo nos sentimos (tanto física como emocionalmente), y cómo respondemos o reaccionamos ante cada momento de la vida. 

Esta cualidad de conciencia es la base de toda vida creativa, ya que nos permite ser honestos, pragmáticos, despiertos, valientes, y vivir con un sentido profundo de iniciativa. 

Normalmente, solemos prestar atención a las actividades del momento sólo con una pequeña parte de nosotros mismos, mientras la mente y los pensamientos están en otra cosa completamente. Vivimos en el modo “piloto automático”, ocupándonos de nuestras cosas con muy poca conciencia de los detalles de nuestra experiencia del momento – ni siquiera de las intenciones que motivan nuestras acciones.

La mayoría de las personas también tiene el hábito muy arraigado de recubrir su experiencia con una sucesión de puntos de vista, opiniones y juicios. Esto ocurre casi al mismo tiempo que los acontecimientos en sí, lo que les dificulta mucho encontrar algún sentido de espacio o iniciativa mientras se encuentran rebotando entre una reacción y otra. 

Con la Atención Consciente, podemos cambiar esto. Podemos aprender a desarrollar una conciencia exacta en cada momento de lo que es nuestra experiencia en realidad, en vez de encerrarnos en estos hábitos reactivos de pensamiento distorsionado acerca de nuestra experiencia. Esto nos permite tener algo como un espacio en el que podemos tomar decisiones más ponderadas – lo que a su vez nos ayuda a darnos cuenta plenamente de las posibilidades enormes de elección que tenemos en la vida.

En este momento de la historia, basamos nuestra vida en la realización de  multitareas. Trabajamos mientras consultamos los medios, el móvil y planeamos vacaciones futuras que jamás tendremos tiempo de coger. Frente a este vivir para el futuro, basándonos en una agenda de tareas imcumplidas y sin vivir el momento.

El mindfulness o la atención consciente es nuestra capacidad para ser conscientes, física y mentalmente, de lo que estamos haciendo. Nuestro pensamientos, nuestras acciones y la consciencia de lo que nos rodea en el presente. Porque realmente nuestra vida es el presente, sin estar presos de los recuerdos del pasado ni los planes del futuro. El presente es nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello.

Según un estudio, el “momento actual” dura apenas unos 3, 4 segundos. Sólo aquellas personas que realizan una meditación profunda son capaces de ser conscientes de sus reacciones físicas y mentales en espacios tan cortos de tiempo como un segundo.

Nuestra mente canaliza grandes cantidades de información. No somos conscientes de todo lo que nos rodea cada vez que realizamos una acción. Nuestra mente es capaz de analizar hasta 126 piezas de información distinta en un segundo. La mayoría son automáticas, por lo que directamente nuestra consciencia las rechaza. Pero si prestamos la atención suficiente, podríamos ver y sentir más de lo que lo hacemos.

Gracias a la meditación mindfulness nuestro cerebro es capaz de cambiar. Según el estudio “Stress reduction correlates with structural charges in the amygdala” los pacientes que realizaron este tipo de meditación vieron reducida la actividad de la amígdala, la región del cerebro que gestiona el estrés. Tras dos semanas, el estrés de estos pacientes, la ansiedad y el miedo se redujeron notablemente.

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Beneficios

Las técnicas propias del Mindfulness se aplican para solucionar distintos problemas de salud mental, como el estrés, la ansiedad, los trastornos asociados al sueño o la tolerancia al dolor, entre otros.

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  • Estar plenamente en el presente, en el aquí y ahora.
  • Observar pensamientos y sensaciones desagradables tal cual son.
  • Conciencia de aquello que se está evitando.
  • Conexión con uno mismo, con los demás y con el mundo que nos rodea.
  • Mayor conciencia de los juicios.
  • Aumento de la conciencia de sí mismo.
  • Menor reacción frente a experiencias desagradables.
  • Menor identificación con los pensamientos (no soy lo que pienso).
  • Reconocimiento del cambio constante (pensamientos, emociones y sensaciones que vienen y van)
  • Mayor equilibro, menor reactividad emocional
  • Mayor calma y paz  
  • Mayor aceptación y compasión de si mismo

Testimonios

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Joan Deckard
Bustle Magazine